"Pedimos que quien ponga un cepo a un caballo vaya a la cárcel"
"Solo intento hacer algo, otro día igual pido que me ayuden a recoger firmas para enviarlas al Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona)", explica Lourdes Iglesias Rodríguez, que a sus 12 años ha organizado y encabezado la protesta contra los cepos que inmovilizan (y torturan) a los caballos salvajes en los montes gallegos. "No al maltrato animal" y "Paremos esta atrocidad" fueron algunos de los lemas que ella y sus amigas escribieron en cartones y con los que se concentraron ante el santuario de A Peregrina. Y con ellas, sus padres y numerosos vecinos orgullosos de una generación que se propone superar la bestialidad. —¿Por qué decidió poner en marcha la protesta? —Lo que me pasó es que hace un mes fui al lago de Castiñeiras y encontré caballos con cepos, no sabía qué hacer. —Porque ni sabía que esos cepos son ilegales... —Ni lo sabía, ni me lo planteaba, me enteré de que era un acto ilegal cuando fui a la asamblea de los Indignados. Le escuché decir al representante de la protectora "Os Palleiros" que eso no se podía hacer, que era ilegal, entonces fui al lago Castiñeiras, me encontré de nuevo a los caballos y quería ir al Seprona para denunciarlo pero no teníamos el número. Entonces fuimos a un refugio de animales que hay allí y una persona nos informó de que hay que hacer la reclamación al Seprona, pero que en realidad estos caballos no tienen nada para que podamos identificarlos. (Interviene su padre, Javier Iglesias Balchada, para aclarar: "nos informaron de que ya ellos habían hecho la reclamación al Seprona varias veces y parece que no hacen caso, también que es muy difícil identificar a los propietarios porque son caballos que no tienen chip").
David Meca: «Mis anteriores mascotas tenían miedo al agua»
Famoso por sus retos, lleva tiempo intentando dar un giro a su vida para hacerse cargo de la empresa familiar, una constructora, sin dejar de lado la natación. En este deporte lo ha conseguido todo, todo menos que a sus mascotas les guste el agua.
-Le hemos visto hacer travesías casi imposibles. ¿En qué está actualmente?, ¿tiene un próximo reto?
-Estamos negociando un par de nuevos retos, uno es en China y el otro es Cuba- Florida. Aunque si te soy sincero creo que ya hemos realizado muchos. Tengo muchas medallas, 28 campeonatos del mundo y creo que ahora me toca tener una etapa para disfrutar de otro tipo de retos más importantes en mi vida…
«Yo le devuelvo la vida a los animales»
Un tigre de bengala en actitud agresiva recibe al visitante. El felino, que pertenecía al circo de Ángel Cristo, murió hace mucho tiempo, pero aquí consiguió otra vida. «Yo volví a darle vida», declara el cacereño Lorenzo Campón, taxidermista desde los ocho años. «El tigre se quedó en Badajoz cuando el circo estuvo allí, hace más de dos décadas. Yo me lo traje y conseguí prepararlo». Y este animal disecado es su carta de presentación.
Campón puede presumir de tener la única escuela de taxidermia que existe en toda Europa. Su centro de enseñanza se ubica en el polígono industrial Charca Musia de Cáceres y es un referente para todos aquellos que quieren aprender el arte de disecar. Este maestro, que acaba de cumplir 61 años -lleva más de 50 en el oficio-, lanza siempre un mensaje claro a sus alumnos (ahora mismo tiene dos): «Hay que observar mucho la Naturaleza, hay que ser capaz de apreciarla, porque ella es la que enseña. Raro es el día que no aprendemos algo de la vida real, una postura que no habíamos visto, una expresión nueva...».
Conciencia animal
Los defensores de los animales han dejado de ser cuatro gatos.
La iniciativa popular que dio paso a la prohibición de celebrar las corridas de toros en Catalunya es un ejemplo de cómo, más allá del peso de la tradición, la sensibilidad hacia el mundo animal ha ganado nuevos adeptos.
El creciente número de personas que están dejando de comer carne y haciéndose vegetarianas, otro. Y lo mismo cabría decir del amplio rechazo que suscita, no sólo entre los activistas más beligerantes, que para fabricar un solo abrigo de piel sea necesario asesinar a 200 chinchillas, 70 visones, 20 linces, 20 zorros, 20 nutrias u 8 lobos.
Tal vez, efectivamente, esté cambiando algo.
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