Mierda de perro

El Ayuntamiento de Córdoba está pensando en analizar el ADN de la mierda de los perros para localizar a los dueños de los animales que cagan en la acera. Escucho la noticia en Radio Nacional mientras voy conduciendo y me entran ganas de cambiar de dial y buscar un informativo menos frívolo. Desde luego, la caca abandonada en la calle por los perros, o mejor por los dueños de los perros, que son los que educan a sus animales domésticos —seguro que no les dejan defecar en el pasillo de casa— es un problema que debe resolverse cuanto antes por el bien las suelas de los zapatos que calzan los viandantes. Pero analizar el ADN de la mierda para dar con alguien que no quiere recoger los excrementos de su mascota parece desproporcionado. Un chiste. Y el dial de la radio no está para bromas. En Italia, a un militante de extrema derecha se le ha cruzado un cable y ha disparado a bocajarro contra tres manteros senegaleses que se ganaban la vida vendiendo en la calle. Dos han muerto y el pistolero se ha suicidado después en un aparcamiento. Ignoro si su cerebro ha quedado desparramado en el suelo, como la mierda de los perros. Y el informativo tampoco aclara si los Carabinieri se están planteando analizar su ADN para saber cómo nacieron sus ideas xenófobas, cómo creció su odio y cómo decidió expresarlo con una pistola. Sigo moviendo el dial, en busca de un informativo más cercano. En Cacabelos, no tienen dinero para instalar luces de Navidad. Las calles están tristes cuando anochece. Y hasta es posible que un día de estos, Gas Natural Fenosa cumpla su amenaza y deje sin suministro eléctrico a tres colegios, a la Casa de la Cultura, con su Escuela de Música, y al Museo Arqueológico, porque el Ayuntamiento no puede pagar la factura.

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